¿Cuántas veces tú, como adulto, no te has parado a pensar a qué huele mientras paseas, qué colores tienen las plantas que vas viendo o a qué sabe eso que has preparado para comer? Tan importante es escuchar el ruido de lo que nos rodea, como escuchar el silencio con atención.

La práctica del mindfulness se va extendiendo y es, por suerte, cada vez más conocida. Poco a poco se va metiendo en las casas y llega a los más pequeños. Entre los que apostamos por ello y que estamos relacionados con la educación, intentaremos que forme parte de las rutinas de la escuela como parte imprescindible.

Con el mindfulness ayudamos a mejorar la capacidad de concentración, de atención a las pequeñas cosas, al descanso mental y a desconectar de la sobrestimulación a la que adultos y pequeños estamos expuestos a todas horas.

-Nos iniciamos en el mindfulness en el aula.

Lo primero de todo, no pienses: «ooootra cosa más que añadir a mis clases, cambios de programaciones y planificación…» No. Se trata de dedicar máximo 10 minutos del comienzo de cada sesión al mindfulness. Puede que parezcan muchos y que la clase, normalmente de 45-60 minutos se va a quedar corta. No es así. Es necesaria una presentación y un primer contacto del mindfulnes con los alumnos, como algo natural, explicarles que es muy importante estar concentrados y relajados para poder aprender y disfrutar aprendiendo y que por eso van a empezar a utilizarlo en las clases. Al principio habrá risitas, miradas, actitudes negativas, pero poco a poco irán incorporándolo a la rutina e identificarán tu llegada al aula con el momento mindfulness. Esos 10 minutos cada vez estarán mejor aprovechados.

 

La primera toma de contacto, con la práctica, deberá ser tomar consciecia de la propia respiración. Nos podemos sentar en el suelo con las piernas cruzadas, una de las manos sobre el pecho y la otra sobre la tripa. Practicaremos la respiración superior intentando subir el pecho y después intentando subir solo la de la tripa.

 

Tranquilo y Atentos como una Rana de Eline Snell, es el libro que hemos estado utilizando para nuestra iniciación al mindfulness. Nos atrapó con la sencillez que explicaba las sesiones o ejercicios y con lo útil que nos resultó ya que viene muy guiado y con un CD para poder utilizar con la clase.

 

Todos los ejercicios de calma, concentración, pausa, relajación, etc. que se realicen están guiados por un tiempo orientativo y que va aumentando según la edad del grupo al que vaya dirigido.

-Más posibles actividades para el aula.

Sentir. ¿Cuántas cosas tocamos a lo largo del día y no nos fijamos en su textura, en su temperatura o en lo que nos transmite en el tacto? En clase podemos trabajarlo también desde el mindfulness. Nos colocaremos en parejas y manteniendo una respiración calmada y controlada, uno de la pareja

Discriminación visual. Caminamos, vivimos, salimos y entramos sin darnos cuenta de los pequeños detalles. Ese «-¡Uy te has cortado el pelo! -Sí, pero hace ya días…» nos demuestra que no prestamos toda la atención que deberíamos. Podremos practicar este tema desde el mindfullness en clase con un simple ejercicio. En una bolsa o caja por parejas meterán diferentes objetos y uno de la pareja tendrá 30» para observar todo, cuando acabe el tiempo, el otro quitará un objeto y volverá a mostrárselo y tendrá que adivinar qué objeto falta.  No podemos olvidarnos de la respiración en todo momento.

Manejo de las emociones. Sentados cara a cara tendrán que ir cambiando los gestos de la cara para expresar diferentes emociones, uno llevará el mando y el otro irá copiando la emoción y después intercambiarán.

Por último, recomendar que la práctica del mindfulness sea colaborativa con las familias. No es necesario que se ponga en práctica todos los días, pero si en casa se completa con algún momento más, se verán resultados en los niños con más dificultades de concentración.