Los que hemos crecido sin las nuevas tecnologías lo entendemos: 2 canales de televisión, horas muertas en la calle con los amigos, íbamos de viaje contando los coches amarillos que veíamos por la venta o peleándonos con nuestros hermanos, en los restaurantes como mucho jugábamos con el tarro de palillos mondadientes… Si se lo cuentas a un niño de ahora, pensará que nuestra vida era un rollo. Puede que sí, pero desarrollamos muchas capacidades que hoy en día se quedan un poco en el olvido.

Ahora es más fácil mantener a los niños entretenidos. Es como si de repente los niños tuvieran un botón de apagado; que vamos a un restaurante, ¡tablet para el niño! que vamos a la peluquería, ¡móvil para el niño! que estáis esperando en el dentista, ¡otra vez el móvil para el niño! Y la verdad es que funciona. Además hay unas aplicaciones lúdicas estupendas para trabajar habilidades cognitivas de manera específica como la atención, la comprensión, la memoria, la orientación y el razonamiento por mencionar algunas, que nos alivian un poco la conciencia, al pensar que lo que están haciendo es en su propio beneficio. Eso sí ¡asegúrate de cargar bien la batería antes de salir de casa!

Sin embargo, apps que enseñen a los niños a tolerar la frustración, a tener paciencia, a saber comportarse en según qué sitio y a interactuar con lo que les rodea, me temo, que no hay ninguna. Los niños deben aprender a entender que no se puede estar jugando siempre donde y cuando sea. Es imposible que aprendan a apreciar nada si siempre tienen al alcance lo que quieren. Es imposible que desarrollen el ingenio y la creatividad por sí mismos si sufren de sobreestimulación.

No hablamos solamente de momentos en los que los adultos no quieren que molesten, hablamos también de momentos en casa. Buscar actividades por sí mismos, les ayuda a ser más creativos y resolutivos. El momento de aburrimiento da pié a utilizar la imaginación y a discurrir actividades que puedan hacer para entretenerse. Es necesario que todos los niños «se aburran» durante algún momento de la semana. Ofrecerles un objeto simple como un palo, una goma, una cuerda, etc puede ayudarles a pensar cómo utilizarlo e ir desarrollando una idea de juego.

Durante el curso escolar son pocos los momentos de distensión y aburrimiento, pero con la llegada de las vacaciones de verano, vemos una oportunidad excelente para relajarse y conseguir que los niños desconecten de las rutinas. En los libros «Educar en la realidad» y en «Educar en el asombro»  la autora Catherine L’Ecuyer nos habla de todo esto y de cómo los padres y madres van cayendo en la trampa de adquirir juegos interactivos, en vez de ser ellos los que interactúen con sus hijos.

Los grandes pensadores e inventores de la humanidad, lo fueron precisamente porque tenían tiempo para invertir en ello. Entre el desayuno en el colegio, la extraescolar del mediodía, la academia de inglés por las tardes, los deberes, los partidos de fútbol los fines de semana y jugar a la videoconsola,  ¡a Newton no le habría dado tiempo a descubrir la teoría de la gravedad!