Desde que el hombre es hombre ha necesitado la actividad física para la supervivencia. Nuestros ancestros la empleaban en sus tareas diarias, la caza ya era un deporte, las huidas y estampidas por peligros también. Las luchas con enemigos y los desplazamientos de largas distancias suponían un gran esfuerzo físico para el que, no todos estaban preparados. Hacia la Edad Antigua ya aparece el entrenamiento más cercano a como lo entendemos hoy en día. En civilizaciones como la griega, la educación física era uno de los aspectos esenciales en el proceso educativo, buscaban una formación de la persona equilibrada en los aspectos físico, moral y espiritual.

En la actualidad, no cazamos, no somos nómadas, no movemos a todo nuestro pueblo de un lado al otro dependiendo de la época de cosecha, etc. Por todo ello, el deporte tenemos que practicarlo de otro modo: buscar un gimnasio, un entrenador, tutoriales, clases en grupo o individuales… Muchas veces con las horas libres tenemos que hacer encaje de bolillos para poder sacar tiempo y dedicarlo a cuidar nuestro cuerpo. Todas estas rutinas de deporte, se llevan mejor y se incorporan a nuestra vida de forma natural, cuanto antes se empiecen a practicarlas.

Si nos adentramos en la práctica obligatoria de los niños hoy en día, por una parte tenemos las 2-3 horas semanales en el horario escolar que se dedican al deporte de forma regulada, más sus 20-30 minutos de recreo, en el que lo normal es que se muevan y por otra parte nos encontramos con la recomendación de la OMS que aconseja la práctica de unos 60 minutos diarios de actividad física moderada. Es fácil entonces deducir, que no son suficientes las horas de educación física que se ofrece dentro del horario escolar, y por tanto, se deben complementar de alguna manera.

¿Qué nos aporta la práctica deportiva?

Hay que tener en cuenta que en los primeros años de vida se aprende a socializar, por eso es muy importante además de los deportes individuales, la práctica de deportes de equipo que favorecen el desarrollo de habilidades y comportamientos sociales.  

Tanto los individuales como los colectivos nos aportan innumerables beneficios: respeto de normas, compañerismo, esfuerzo, sacrificio, disciplina, tolerancia a la frustración, afán de superación, constancia, compromiso, responsabilidad, sociabilidad, autoestima, todos estos valores nos aporta la práctica regular del deporte. Estas contribuciones son la base de cómo hoy entendemos la cita de Juvenal: “mens sana in corpore sano”.

¿Qué beneficios aportan para la vida adulta?

El deporte en la vida adulta es fundamental para mantenernos saludables. Si interiorizamos desde pequeños esta práctica como parte indispensable en nuestra rutina, nos ahorraremos esa fastidiosa lucha contra la pereza para salir a correr o esas cuotas de gimnasio que pagamos para después no ir. También es una bonita alternativa de ocio y tiempo libre contribuyendo a nuestra socialización; siempre podemos incorporarnos a un club de atletismo o ciclismo y conocer gente nueva, quedar con amigos para jugar al pádel o al fútbol… Y por supuesto la importancia de dedicar un tiempo dentro de la vorágine de la semana a nosotros mismos, no sólo ejercitando el cuerpo, también la autoestima y en ciertas prácticas más solitarias enfrentarnos a nuestros pensamientos y reflexiones mientras corremos por el parque.

 ¿Es adecuado el deporte de alto rendimiento en edades tempranas?

Si hablamos a nivel físico, depende del tipo de deporte pueden ser perjudiciales o no. La mayoría de  ellos lo son excepto la natación, la gimnasia y el ciclismo. Sin embargo,  si nos referimos a nivel psicológico, el deporte deja de ser beneficioso en cuanto se desvincula de la función educativa y exige al niño determinadas imposiciones inadecuadas para la infancia como el elevado grado de competitividad y de exigencia, las horas de entrenamiento eternas que le restan a las de juego, presión psicológica sin herramientas para poder gestionarlo de una forma adecuada, separación del entorno familiar, viajes y traslados continuos que le pueden llegar a desarraigar. . 

La importancia de crear hábitos deportivos desde la infancia a parte de favorecer un crecimiento adecuado y consolidar valores personales, nos ayudará a mantener una vida adulta saludable tanto en el aspecto físico como mental. Mejorará también nuestra sociabilidad, nuestra autoestima y nos ofrecerá alternativas para el ocio.

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