Voluntariado en Centro de Día Infantil

Como si fuera un regalo de los Reyes Magos, el pasado 8 de Enero (en la plena vuelta al cole) mi pareja y yo iniciamos nuestra participación como voluntarios de un proyecto denominado «Centro de Día Infantil (CDI)”. Se trata de un proyecto de intervención con menores, en horario 16 a 21 h un día a la semana, en el que se realizan distintos tipos de actividades educativas y lúdicas.

Por motivos de horario laboral, decidimos apuntarnos a esta actividad los viernes pero, para no llegar como un elefante a una cacharrería, nuestro primer contacto con el proyecto fue un miércoles de 20 a 21h cuando los niños ya se habían marchado con sus familiares. Dentro de los centros que tenían necesidad de voluntarios, elegimos el de San Cristóbal por cercanía con el barrio donde nos hemos criado y educado nosotros. Al llegar al centro donde desarrollaríamos el proyecto nos recibieron tres personas (trabajadoras de Cruz Roja) con una vitalidad increíble e ilusionadísimas de tenernos como próximas incorporaciones. Nos explicaron que el centro ayudaba a 38 menores del barrio, derivados de servicios sociales por encontrarse en situación de exclusión/ presentar necesidades psicológicas, afectivas, empáticas, etc. El grupo se divide en tres grupos equitativos en edades de 3 a 6, 6 a 9 y 9 a 12 años y la jornada de los viernes comprende siete actividades diferentes: recogida en el centro de estudio, “juego libre”, merienda, limpieza de utensilios e higiene personal, actividad temática, evaluación de la jornada y recogida por parte de los familiares. Posiblemente ya te haya asaltado la sensación de que tres personas son insuficientes para realizar este trabajo con 38 menores y, que por ello, es indispensable disponer de la ayuda de voluntarios

Hasta aquí todo lo que os he contado es puramente descriptivo, si os ha picado el gusanillo de la curiosidad ahora dadme la mano y entregados a las líneas que siguen pues me he esforzado por plasmar lo que supone subjetivamente para una persona formar parte de un proyecto como éste.

El primer día recogimos a los niños del colegio más cercano al Centro de Día, algunos de ellos se mostraban muy interesados en saber quiénes éramos y se lanzaban a preguntarnos nuestros nombres, qué íbamos hacer con ellos y si íbamos a volver cada viernes. Mientras, otros por su edad o timidez, preferían no intercambiar sus miradas con nosotros y agarrarse fuertemente a las personas que ya llevaban tiempo siendo voluntarios.

Una vez que habían llegado todos los chavales de sus centros educativos y se inició la primera de las actividades, el juego libre, una niña de 5 años se acercó a mí y me abrazó sin haberme visto anteriormente. Yo, sorprendida y con un gran sentimiento de felicidad recorriéndome, devolví ese abrazo y le pregunté por su nombre. Me respondió sonriendo que se llamaba Nysirine y comenzamos a construir frases con su nombre para que me fuese más sencillo aprendérmelo y, mientras nos reíamos las dos a carcajadas unas manitas muy pequeñas me taparon los ojos y escuché una voz que preguntaba detrás de mí: ¿Quién soy?.

Este fue otro “tortazo” de felicidad, la inocencia de una niña que sin yo haberla visto antes desea jugar a que adivine su nombre. Pues lo que sucedió a continuación fue que mi ya amiga Nysirine, me chivó el nombre de la personita que se había colocado detrás de mí. Y así fueron mis primeras dos tomas de contacto con estos menores. ¿Quién no se hubiera quedado prendado queriendo saber más y más de este proyecto?.

Por ser el primer recuerdo de esta experiencia os he relatado todos los detalles que almaceno en mi memoria, sin embargo, tristemente no sería algo atractivo para el lector si os siguiese describiendo con este nivel descriptivo, por lo que voy a pasar a continuación a hacer campaña de este tipo de proyectos para que si se os ha pasado alguna vez por la cabeza no dudéis en hacerlo.

Según hemos ido conociendo más en profundidad caso a caso a los chavales del proyecto y realizado con ellos actividades temáticas en los que se les quiere “sembrar” valores positivos para ellos, su futuro y la sociedad con la que se relacionarán, nos hemos dado cuenta de que ninguna persona, por el hecho de nacer en una situación desfavorable, tendría que tener “sellado” un porvenir desigual respecto a los nacidos en situaciones más beneficiosas.

Estos proyectos albergan menores provenientes de familias monoparentales con dificultades económicas que no pueden compaginar las horas de trabajo necesarias para cubrir todos los gastos con el cuidado de los hijos en las horas no lectivas, familias en los que los menores no son estimulados desde su nacimiento, lo que provoca un desarrollo más lento en las habilidades motoras, neurológicas, sociales, afectivas, etc., familias en los que el respeto a las personas, la igualdad de género, la conciencia medioambiental o la correcta higiene no son valores fomentados. Cuando ingresas en el proyecto como voluntario vuelcas tus energías en hacer más pequeños los escalones que están subiendo estos menores y cuando llegas a casa te das cuenta que en tu interior ha crecido un sentimiento de autorrealización personal incomparable al que puedes sentir cuando se te recompensa económicamente por un desempeño laboral.

Las condiciones necesarias para formar parte de éste proyecto en concreto es ser mayor de 16 años (o tener el consentimiento de un@ tutor@ en caso de tener entre 14 y 16 años), no tener antecedentes penales, realizar el curso de Formación Básica Institucional de 8h de duración, tener muchas ganas y mucha energía a disposición del proyecto.

En el siguiente enlace puedes encontrar más información acerca de ello http://www.cruzroja.es/principal/web/madrid/centros-dia-infantiles

Y si lo que te interesa es el voluntariado pero con otra temática ¡No lo dudes! Navega por internet para encontrar algún proyecto dentro de la amplia oferta y ponte manos a la obra.

 

Alba Olea