Deberes; ¿un castigo o una oportunidad para desarrollar habilidades críticas para la edad adulta?

El debate está sobre la mesa. No se trata sólo de una llamada de atención por parte de las familias acerca de las dificultades para gestionar las tareas escolares que los hijos traen a casa, sino que empieza a ser un elemento que fractura uno de los pilares claves de la educación en mayúsculas: ir de la mano padres y profesores para marcar la dirección hacia el crecimiento personal del menor a través de una misma línea educativa.

Es cierto que los niños deben jugar a diario y disfrutar de actividades de ocio en familia, pero no es menos cierto que con una buena gestión del tiempo hay lugar para todo eso y además para entrenar a los hijos en las capacidades claves para su éxito futuro. Y es que el tiempo de trabajo en casa implica mucho más que la consolidación de los conocimientos adquiridos en el aula. Supone el tiempo y espacio necesario para entrenar la capacidad de gestionar eficientemente el propio trabajo.

La obligación de trabajar en casa es fundamental para aprender a desarrollar rutinas de trabajo que serán la base del patrón profesional de afrontamiento futuro. Una de las muchas capacidades que desarrolla es la fuerza de voluntad. Tener una voluntad firme para elegir hacer no lo que nos apetece en cada momento, sino aquello que entendemos que es lo correcto porque reporta un beneficio a medio plazo y no inmediato, es un elemento clave. Para ello es importante que lleguen a ser ellos los que entiendan el beneficio y por tanto decidan libremente asumir la tarea y responsabilizarse de su resultado.

Por otra parte, además de la fuerza de voluntad y la responsabilidad, es un buen escenario para que aprenda a organizarse de cara a afrontar el trabajo con la máxima eficacia posible. Aprenden que su espacio de estudio y los materiales deben estar cuidados y ordenados para no perder tiempo en buscarlos y poder terminar antes para jugar o realizar actividades lúdicas. Asimismo, ayuda a desarrollar la capacidad de planificación. En las aulas este aspecto corre a cargo del docente pero en casa (si  les dejan) deben ser ellos los que se organicen, haciendo el listado de tareas que tiene que terminar, marcándose objetivos diarios e incluso semanales para aprender a finalizar lo que se han propuesto y por tanto adquirir el hábito de perseverar hasta alcanzar sus objetivos. La priorización a la hora de dedicar más tiempo, esfuerzo y organizar la secuencia de tareas es también un importante elemento sobre el que el niño debe trabajar a partir de los deberes. Empieza a manejar plazos (si tengo música los martes y me tengo que aprender una canción de flauta, ¿cuánto tiempo necesito para aprenderla?, ¿qué día por tanto tengo que empezar a estudiarla en casa teniendo en cuenta el resto de tareas que también tengo que afrontar esta semana?). Es un buen momento para entender que no sólo cuenta hacer tareas sino también el resultado en términos de calidad (limpieza, orden, etc…), grado de acierto y todo esto en relación al tiempo invertido.

Por todo ello, desde mi punto de vista, el debate no ha de ser deberes si o deberes no, sino primero preguntarnos qué rol están adquiriendo los padres respecto a este espacio de crecimiento del hijo porque no se trata de que se responsabilicen ellos de sus tareas, sino de actuar como facilitadores (que dispongan del tiempo, del espacio adecuado, etc…) y ayudarles no a hacer los deberes sino a que desarrollen la motivación intrínseca y trascendental implícita; disfrutando de aprender, superarse, tener un progreso positivo y hacer las cosas bien y con responsabilidad.

Creo por tanto, que en vez de debate hay que hacer una reflexión conjunta entre la familia y los colegios en torno a: ¿estamos todos entendiendo bien e igual el “QUE”, “PARA QUE” y “COMO” de los deberes? ¿Los niños de verdad están sobrecargados o o se cumple el requisito básico para que los deberes no se vuelvan contraproducentes, es decir, que el estudio en casa implique un tiempo limitado y según la edad del alumno de tal forma que les permita hacer también otras actividades lúdicas y de descanso? En caso de que esta última cuestión tenga una respuesta negativa es entonces en esos casos, que entiendo deben ser los menos, cuando se ha de buscar una solución conjunta pero siempre reenfocando de manera adecuada un proceso fundamental en el crecimiento de las capacidades del niño; “Los deberes”.

Marta Alfonso Cid

Psicóloga y coach