“Mi hijo se olvida siempre la agenda en clase”, “No sé qué hacer con este alumno, no para quieto en clase”, “Pero, ¿te quieres concentrar ya de una vez?”, “Es incapaz de estar dos minutos seguidos con la misma actividad”. Estas son algunas de las quejas que tienen los padres y maestros de sus hijos y alumnos. No es seguro que todos ellos tengan una problemática concreta, como puede ser el TDAH, pero lo que sí que está claro es que necesitan que nos hagamos cargo de ellos.

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es una patología del neurodesarrollo, lo que implica que los niños y jóvenes que están diagnosticados de dicha patología sufren una inmadurez de su cerebro. Esto quiere decir que el cerebro de los niños con TDAH se desarrolla más lento si lo comparamos con la evolución del cerebro de un niño de su misma edad. Los estudios llegan a la conclusión de que la inmadurez de determinadas partes del cerebro en un niño con TDAH suele estar en torno a un 35%, lo que quiere decir que un niño de 15 años diagnosticado de TDAH tiene un desarrollo cerebral equivalente a un niño de unos 10 años de edad. Consecuentemente, en la práctica, el funcionamiento de este niño, será similar a como se comportan los niños de 10 años, motivo por el cual, los niños con TDAH son etiquetados como inmaduros.

Esta patología se da en un 5-7% de la población infantil y las causas se derivan de la interacción de la parte genética con la educativa, familiar y social. Además, el TDAH suele ir acompañado de otros trastornos como son el Trastorno Negativista Desafiante (TND), tics nerviosos o motores, dislexia y trastornos del estado del ánimo (ansiedad y tristeza, principalmente).  

Algunos de los síntomas más frecuentes del TDAH son los siguientes:

  • Dificultad para concentrarse en una tarea, sobre todo si son monótonas, poco atractivas y aburridas.
  • Hiperactividad constante.
  • Impulsividad. Manifiesta sus emociones y pensamientos sin haberlos pensado antes.
  • Dificultades en la memoria operativa: cálculo matemático, deletreo de palabras, etc.
  • Poco constantes y perseverantes en las tareas que realizan.
  • Rigidez cognitiva. En ocasiones se confunde a los TDAH con los obsesivos.
  • Necesitan de motivación externa (motivación extrínseca). Les cuesta mucho automotivarse (motivación intrínseca).  
  • Baja tolerancia a la frustración. No saben esperar el turno de palabra, esperar en la cola del cine, etc. Necesitan la gratificación o el refuerzo en ese preciso momento.
  • Dificultad para autorregular sus propias emociones. Les cuesta mucho identificar las emociones que tienen, así como reconocer las emociones que tienen los demás.
  • Dificultades a la hora de planificarse y organizarse. Esto repercute de una manera directa en el ámbito académico (deberes, trabajos, exámenes, etc).

Dado que todas las características que hemos mencionado sobre el TDAH se aprenden, desde casa y desde el colegio, debemos poner en marcha una serie de rutinas y actividades para potenciar todas estas habilidades (atención, control de impulsos, planificación, educación emocional, etc).

A continuación, veamos algunas de las orientaciones que podemos llevar a cabo con los niños y adolescentes diagnosticados de TDAH:

  • Entender que la conducta del niño no es voluntaria, sino que se debe a la manifestación de sus síntomas. Es importante conocer qué es el TDAH y cómo evoluciona para ajustar, desde el punto de vista de la familia y de los docentes, las expectativas que tenemos sobre el niño y su trastorno.
  • Concederle al niño tiempo de calidad. Escucharle, jugar con él, compartir alguna actividad que le guste o que se le dé bien, etc.
  • Es imprescindible trabajar con todos los niños con TDAH el ámbito emocional. La educación emocional consiste en aprender a identificar y reconocer las emociones básicas en uno mismo y en los demás y a autorregular las emociones. Todos los niños con TDAH sufren mucho. Sus síntomas son muy “señalados” por los demás (profesores, padres, compañeros, etc).
  • Además de cuidar el ámbito emocional, debemos fomentar la socialización de estos niños. En torno a un 60-70% de los niños con TDAH sufren a nivel social (marginación y estigmatización por la manifestación de sus síntomas).
  • Los pilares básicos para tratar al niño con TDAH son la psicoterapia, la psicopedagogía, la psicoeducación y, en algunos casos extremos, la medicación.
  • En el ámbito académico debemos darle más tiempo en la evaluación de contenidos, además de estar pendiente de él. La realización de un examen escrito para un niño con TDAH es una verdadera tortura, ya que éstos exigen planificación, control del tiempo, concentración, control de impulsos, autorregulación emocional, etc. En todas estas cosas, los TDAH tienen serias dificultades.  

Rafael Guerrero Tomás es psicólogo, director de Darwin Psicólogos y profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid. Además, también imparte clase en el Máster de Atención a la Diversidad y Apoyos Educativos del Centro Universitario Cardenal Cisneros. Especialista en TDAH, trastornos del aprendizaje y trastornos de conducta. Autor del libro “Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Entre la patología y la normalidad” (Libros Cúpula, 2016). Más información en www.darwinpsicologos.com